01
Una conversación real, no un vídeo pregrabado
La cara se anima durante una sesión en directo y la respuesta se genera con el conocimiento del asistente. La persona puede hablar y, cuando se habilita, también escribir si no quiere usar el micrófono.
El avatar aporta presencia a recepción, orientación o demostraciones, pero no cambia la fuente de la respuesta ni concede capacidades que el agente no tenga.
02
El mismo cerebro para voz y vídeo
El asistente en vídeo comparte el agente de voz, sus documentos autorizados, instrucciones y herramientas. Así la organización no mantiene respuestas distintas para teléfono y avatar.
Cada canal conserva su presentación, texto legal y configuración. Activar vídeo no obliga a activar llamadas telefónicas ni a sustituir el widget escrito.
03
Dónde puede aportar valor
Hoteles, restaurantes, clínicas, servicios de atención y webs comerciales pueden usarlo para recibir, explicar servicios o guiar hacia el siguiente paso de una forma más cercana.
No todas las consultas necesitan un rostro. Para lectura rápida, privacidad o situaciones especialmente sensibles puede ser preferible texto o teléfono; el proyecto elige el canal adecuado.
04
Identidad, límites y salida humana
La interfaz debe dejar claro que se trata de un asistente de IA y no suplantar a una persona concreta. El texto legal, el consentimiento y las reglas de uso se configuran para el canal.
Cuando una consulta requiere criterio, autorización, una reserva real, atención clínica o una decisión sensible, el asistente explica el límite y deriva al equipo mediante el flujo habilitado.